Señor —contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
(Juan 6:68-69)

Cuando Pedro hizo esta declaración, Jesús estaba enseñando y rodeado de muchos otros discípulos. Algunos de ellos comenzaron a seguirle porque habían visto muchos milagros y sanidades. Otros le seguían porque recibieron alimentos en la gran multiplicación de los panes y los peces. Pero a pesar de eso, muchos de estos discípulos no creían todavía en Jesús y comenzaron a abandonarle porque consideraban que su enseñanza era muy dura.

Jesús preguntó entonces a los doce discípulos si ellos también se querían ir. Pedro, al igual que algunos que ya creían en el Señor, sabía que no tenían a dónde ir… ¡No hay otro lugar en el mundo mejor que estar en la presencia de Jesús! Solo él tiene palabras de vida eterna. Solo él es capaz de satisfacer la mayor hambre de tu existencia. Quien conoce el amor de Dios de verdad sabe que no hay otro lugar mejor para estar que junto al Salvador.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *