Clama al que puede hacer la diferencia

Vana esperanza de victoria es el caballo;
a pesar de su mucha fuerza no puede salvar.
Pero el Señor cuida de los que le temen,
de los que esperan en su gran amor;
él los libra de la muerte,
y en épocas de hambre los mantiene con vida.
(Salmo 33:17-19)

Hay momentos en los que parece que vamos a la deriva y que todo lo que intentamos hacer culmina en fracaso. Por más que nos esforzamos, las cosas no salen bien. Es durante esos momentos que debemos decidir dejar de mirar a las «soluciones terrenales» y enfocar nuestros ojos en las alturas.

¿Estamos buscando a Dios en medio de nuestras luchas o solo clamamos a él cuando agotamos todas las alternativas para resolver nuestros problemas? Aun cuando pongamos toda nuestra dedicación y fuerza de voluntad, nuestra victoria viene de Dios. Podemos tener fuerza, talento y hasta condiciones financieras, pero sin Dios no hay garantía de salvación.

Dios es fiel para protegernos aun en períodos de escasez. Confía en él pues el Señor protege aquellos que le temen.

Clama a quien hace la diferencia

  • Busca la presencia de Dios y pídele su dirección.
  • Tener buenas condiciones no es señal de que estamos bien. Busca a Dios siempre, en medio de cualquier circunstancia.
  • Si las cosas no van bien, habla con Dios. Él está listo para oír tu voz y quiere operar grandes cosas en tu vida. No lo dejes para después.

Edifica y sé edificado

Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación.

(Romanos 14:19

Todo siervo de Dios tiene la responsabilidad de llevar el Evangelio. ¡Cristo nos dio esa misión! Jesús es la fuente de la verdadera paz y nos corresponde a nosotros proclamar esa verdad. Todo cristiano es un canal de la Palabra de Dios.

Otra de las responsabilidades del cristiano es la de edificar la vida de su prójimo. Crecemos mutuamente cuando nos dedicamos a edificar la vida de nuestro hermano. Vivimos en verdadera comunión cuando ayudamos y recibimos ayuda. Ser siervo de Dios exige esfuerzo, pero Dios recompensa toda esa dedicación.

No escatimes esfuerzos en tu servicio al Reino de Dios. Él no escatimó esfuerzos para salvarte.

Edifica y recibe edificación

  • Siempre que vayas a auxiliar a alguien ayuda de una forma constructiva.
  • Edifica la vida de tu hermano como si estuvieras edificando tu propia vida. Eso es amor.
  • Usa la Palabra de Dios para fortalecer, no para destruir.

Dios cuida de mí

El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad. Cumple los deseos de quienes le temen; atiende a su clamor y los salva.
–Salmo 145:18-19

A veces la vida nos sorprende con momentos difíciles. Debemos recordar que no estamos solos en medio de las dificultades: ¡Dios está con nosotros! A través de Jesús tenemos acceso al Padre.

Dios también nos dejó su Palabra. Al leer la Biblia podemos conocer lo que Dios ya ha hecho y lo que hará por nosotros. La Palabra de Dios nos hace conscientes de las promesas que Dios preparó de antemano para nosotros. Dios nos amó sobre todas las cosas.

Dios te oye, invócalo con sinceridad. Él quiere oírte, ábrele tu corazón. ¡No desprecies el gran amor de Dios por ti! No te desanimes cuando las luchas parezcan más fuertes: ¡Dios cuida de ti!

¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones.
–Mateo 10:29-31

Dios siempre cuida de ti

  • Aumenta tu intimidad con Dios, reserva un momento de tu día para orar.
  • Busca integrarte y participar más en la iglesia. La comunión también forma parte del cuidado de Dios por nosotros.
  • Recurre a la Biblia como tu manual para la vida. En ella están las soluciones y las promesas de Dios para sus hijos.

Si el Señor quiere

Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».
– Santiago 4:13-15

¿Te has visto sorprendido alguna vez por un cambio inesperado en una situación de la que estabas totalmente convencido? ¿Alguna vez te has arriesgado a dar garantías basadas en expectativas futuras? A pesar de tener poca certeza sobre el futuro, a diario nos vemos tentados a tomar decisiones basadas en presunciones personales… Aprendemos a planear y asumir compromisos contando con corazonadas sobre lo que sucederá, cosas que somos incapaces de garantizar.

A través de los versículos de hoy aprendemos que tanto la vida como la capacidad para hacer cualquier cosa vienen exclusivamente de Dios. Él no se limita a nuestra agenda. Podemos soñar y planificar, pero el mañana no nos pertenece. Si piensas bien verás que no tienes el control ni puedes dar garantías de nada de lo que acontece en tu vida. Por eso, intenta incluir «si Dios quiere» en tus planes y sueños, confiando humildemente en el Señor que es todopoderoso.

Depende del Señor y confía en su querer:

  • Ora y coloca en las manos de Dios tu día y todo lo que deseas hacer.
  • Agradécele por la vida, por las victorias y conquistas que has alcanzado.
  • Sueña y planifica tus días (futuro) recordando siempre que quien controla totalmente todas las cosas es Dios.
  • Sométete a la voluntad de Dios. Añade la expresión «si Dios quiere» a tu hablar, a tus decisiones y a tus planes futuros.
  • Confía tu camino y futuro en las manos del Señor. Tus proyectos se confirmarán si Dios así lo permite.

El principio de la sabiduría es el temor del Señor

¿Deseas ser una persona sabia? ¿Te gustaría tener una postura coherente y sensata frente a las decisiones difíciles? Dios puede ayudarte a ser una persona prudente en el camino de la vida.

El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos.
¡Su alabanza permanece para siempre!
(Salmo 111:10)

Temer a Dios es respetarlo, honrarlo y amarlo por encima de todo. Ese temor no implica pavor, sino una reverencia que reconoce que el Señor está sobre todo y todos. Es precisamente por ser el Todopoderoso, Creador y sustentador del universo que él merece nuestra estima, atención y obediencia.

La Biblia nos enseña que si deseamos tener sentido común en todas las áreas de la vida, necesitamos apreciar a Dios considerándolo como más importante que todo y todos. El temor de Dios orienta en las decisiones, edifica sueños, trae reconciliación, bendice hogares y da juicio a los que están alejados del camino.

Teme a Dios y sé sabio

  • Evalúa en tu corazón si realmente temes a Dios de forma correcta.
  • Haz el siguiente ejercicio: imagina una persona poderosa en el mundo. ¿Cómo la tratarías si te la encontraras de frente ahora? Dios merece mucho más tu atención, temor y admiración.
  • Pídele a Dios que te ayude a crecer en temor, amor y tu dedicación a él.
  • Busca la sabiduría que viene de lo alto a través de la Palabra de Dios (Santiago 3:13-18).

No te canses de hacer el bien

No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.
(Gálatas 6:9)

¿Nos podemos cansar de hacer el bien? Esto puede parecer extraño, pero sí que podemos. El mundo oprime toda buena acción que apunta hacia Cristo. ¿Cómo lo hace? A través de la ingratitud, el libertinaje, la injusticia y la falta de reconocimiento. Cada vez que no recibimos la respuesta esperada al ayudar a alguien nos desmotivamos y puede que deseemos “tirar la toalla”. Mantén la calma. Recuerda que toda recompensa es dádiva de Dios y no de los hombres. Somos salvos por su gracia, no por nuestros actos.

Cuando medimos nuestra ayuda medimos nuestras bendiciones. Jesús hizo el mayor bien sin hacer acepción de personas ni medir esfuerzos en cuanto a quién podía ayudar. Cuando hacemos el bien sin esperar nada a cambio hacemos lo que Jesús haría. Él enseñó a sus discípulos a practicar el bien sin alardear con el fin de ser honrados por los demás. Puede que muchas personas no lo reconozcan, pero Dios, que lo ve todo, te recompensará. Él es justo, es fiel y permitirá la cosecha en el momento oportuno. ¡Continúa haciendo el bien!

Hace bien hacer el bien:

  • Conversa con Jesús. Habla con él sobre lo que sucede en tu corazón. Él es la fuente de todo bien.
  • Haz todas las cosas como si las hicieras para Dios. Aunque los hombres no lo reconozcan, Dios ve todas las cosas y te recompensará en el momento oportuno.
  • Renueva tus fuerzas leyendo la Palabra de Dios. Es el combustible adecuado para continuar andando en fe practicando el bien.
  • Practica el bien sin esperar nada a cambio. Esta es una actitud que libera, y Dios te sorprenderá.

Descansa de las luchas de la vida

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
(Salmo 91:1)

¡Dios es fiel! Cuando te afirmas en esa verdad tu corazón puede descansar porque sabe que Dios cuida de los que confían en él. No se trata de actuar sin pensar ni de ser irresponsable. ¡Es una cuestión de fe! Creer a pesar de las circunstancias va en contra de lo que dice el mundo. Jesús es nuestro amparo y nuestra verdadera protección.

Aun cuando el camino sea difícil, ten la seguridad de que en los brazos del Señor puedes recuperar las fuerzas y el ánimo para tu jornada. Como una brisa suave, el Señor soplará llevándose el llanto, los dolores del cuerpo, la culpa, los sueños rotos y el cansancio de la vida. Haz del Altísimo tu abrigo y encuentra un refugio real para todas tus luchas. Prueba a confiar de verdad y entrega todo tu corazón al Señor. ¡Encontrarás alivio y paz en su presencia!

Descansa tu corazón en Jesús

  • ¡Ora! Entrega tus aflicciones y tu cansancio a Dios. Él restaurará tus fuerzas.
  • Lee la Biblia. Haz de su lectura tu alimento diario y recibe fortaleza por la Palabra de Dios.
  • Entrega todo a Dios. Cuando intentamos cargar cosas por nuestra propia fuerza terminamos sobrecargados, frustrados y desanimados. Cuando las dejamos en las manos de Dios, él sabrá qué hacer.
  • Confía de todo corazón. Dios es todopoderoso, grandioso, te ama y te trata con bondad.

Dios es nuestro refugio en medio de la persecución

David se alarmó, pues la tropa hablaba de apedrearlo; y es que todos se sentían amargados por la pérdida de sus hijos e hijas. Pero cobró ánimo y puso su confianza en el SEÑOR su Dios.
(1 Samuel 30:6)

El rey David fue un gran guerrero y desde pequeño tuvo que enfrentar grandes desafíos. Pero David no era fuerte siempre: él también enfrentó momentos de persecución, miedo y angustia. A pesar de la tristeza y de tener que asumir las consecuencias de sus fallos, David nunca se olvidó de los caminos del Señor.

En medio de la persecución, David buscó su refugio seguro en Dios. El rey tenía a Dios como referencia, no había nada ni nadie en su vida que pudiera sustituirlo. La vida de David nos deja una gran enseñanza: Dios es nuestro refugio en los momentos de tribulación. ¡Él no nos desampara!

Dios quiere que nos refugiemos en él. Al refugiarnos en el Señor reconocemos su fuerza. Cuando buscamos a Dios delante del peligro estamos reconociendo que él es nuestra seguridad. Ni el mundo ni el dinero ni la fuerza de nuestro propio brazo son capaces de darnos la protección que Dios nos da. «…Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!» (Salmo 91:4).

Buscando la protección del Padre

  • Busca la intimidad con Dios, dedica un momento cada día para tener comunión con él en oración.
  • Sé sincero con Dios. Abre tu corazón ante él. Él es tu amigo verdadero.
  • Fortalece tu fe en Dios. Lee la Palabra de Dios y recibirás fortaleza.

¿Quién guía tu vida?

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
– Romanos 8:14

Imagina un automóvil controlado por alguien inhabilitado o por una persona con condiciones psicológicas comprometidas debido al uso del alcohol o las drogas… No es difícil prever las posibles consecuencias desastrosas para ese vehículo hipotético y para todos los que se encuentren en su camino. De la misma forma hay muchos que andan dirigiendo sus propias vidas causándose a sí mismos y a los que les rodean terribles “accidentes”. ¿Por qué sucede esto?

Esto es porque, infelizmente, lejos de Dios no somos capaces de guiar nuestras propias vidas. Necesitamos ser guiados por el Espíritu de Dios para que podamos ser sus hijos y comportarnos como tal. De no ser él, pondremos a otro ídolo en el control, sea a nosotros mismos, el dinero, el poder, a otra persona, los vicios, alguna falsa creencia, etc. Siempre habrá un conductor dando dirección a nuestras vidas. Basta saber si será el Creador o algo creado… Solamente Dios, nuestro Padre, tiene la capacidad para guiarnos y conducirnos a un buen término.

¿Quién guía y dirige tu vida?

  • Haz un análisis y reconoce quién está realmente en el control de tu vida.
  • Observa bien los caminos por los que has andado, esto te podrá indicar quien está guiando tu vida.
  • Ora y pide a Dios que sea tu Padre y que te guíe a través del Espíritu Santo diariamente.
  • Deja que Jesús esté totalmente en el control de tu vida. ¡No vale si tomas tú el control de vez en cuando!
  • La Biblia es tu GPS, busca conocerla mejor cada día. En ella encontrarás las coordenadas necesarias para hacer la voluntad del Padre celestial.
  • ¡Comparte con otros sobre tu fe en Jesús! Habla de la alegría de ser guiado por el Guía fiel y protector.

Dios que acude en la aflicción

En su angustia clamaron al Señor,
y él los salvó de su aflicción.
(Salmo 107:13)

En la vida son innumerables las veces que pasamos por aflicciones y tiempos de dificultad. Es probable que personalmente ya hayas pasado por experiencias o hayas oído testimonios de personas que clamaron a Dios en sus dificultades y fueron salvadas de sus angustias. Náufragos rescatados, aeronaves en turbulencia libradas de la caída fatal. Colisiones de automóviles que resultaron en accidentes, pero las vidas fueron preservadas. Personas salvadas de asaltos, persecuciones y secuestros…

En fin, podríamos continuar recordando situaciones en las que el Señor guardó y socorrió a su pueblo.

Sea en el pasado, en el presente o en el futuro, nuestro Dios es el Dios de salvación. El Salmo 107 habla de la lealtad, la misericordia y el amor del Señor que libra a los afligidos cuando buscan su ayuda. El Señor hace maravillas a favor de los hombres. Clama por su misericordia y protección. ¡Él es bueno y fiel!

Clama al Señor en tu aflicción

  • No pierdas tiempo: busca al Señor en todo momento. En las horas de angustia, tristeza y tribulación, haz de él tu boya de salvación. Él es el Dios todopoderoso, él te puede socorrer.
  • Ora con fe. Pide diariamente su auxilio y protección. Dios es generoso en misericordia y gracia. Él ayuda y sustenta la vida de sus hijos.
  • En la oscuridad y en los momentos de desespero, cree en la presencia de Dios que está contigo. ¡Él no te abandona! Él te escogió, te ama y te ayuda.