Solo Dios nos concede la victoria

Yo no confío en mi arco, ni puede mi espada darme la victoria; tú nos das la victoria sobre nuestros enemigos, y dejas en vergüenza a nuestros adversarios. ¡Por siempre nos gloriaremos en Dios! ¡Por siempre alabaremos tu nombre! Selah
(Salmo 44:6-8)

Podemos ser fuertes y perseverantes, pero solo Dios nos puede dar la victoria. Cuando el salmista escribió esas palabras, él sabía muy bien de qué hablaba. Sin Dios, ni nuestra fuerza ni nuestra voluntad son suficientes para que alcancemos la victoria.

Sin embargo, debemos continuar alabando a Dios aun en los peores momentos pues solo él puede darle la vuelta a una temporada difícil. Dios es quien determina todas las cosas y es por él que obtenemos la victoria. Busca el crecimiento, fortalécete, pero sobre todas las cosas, confía en Dios.

Cuando invertimos nuestros esfuerzos en buscar a Dios, nos enfocamos en lo que es correcto. De esa forma crecemos en gracia, de fe en fe y de gloria en gloria.

Disfruta de la paz de Dios

La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.
(Juan 14:27)

Vivimos en un mundo inquieto y competitivo en el que casi siempre necesitamos tomar una postura y defenderla. Eso nos genera estrés y cansancio.

Cuando Jesús declaró esas palabras del versículo a los discípulos, él estaba pasando por un gran momento de persecución y tribulación. En medio de ese escenario angustiante Jesús derramó su paz.

Solamente Cristo puede extender la paz en medio de la guerra. Solo él nos puede dar la paz que excede a todo entendimiento y calmar nuestro espíritu. La paz que el mundo da es inconstante y pasajera, pero la paz de Dios es reconfortante y eterna.

Recibe la paz de Dios y calma tu corazón: ¡el que venció al mundo está de tu lado!

La paz en todo momento

Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes.
– 2 Tesalonicenses 3:16

El día a día nos lleva por una rutina desgastadora de arduo trabajo y ajetreo. Lo que realmente queremos después de esos días es un momento de paz y refrigerio. Hay veces en las que cuando regresamos a casa parece que nos cansamos todavía más. Ahí es cuando debemos pedir el auxilio de aquel que calmó el mar bravío, Jesús.

¡Nuestro Dios es la fuente de toda la paz! En su Palabra encontramos refrigerio y dirección para calmar nuestros corazones. Lograr tener un ambiente de paz en nuestra casa o en el trabajo comienza por nosotros mismos. Ahí está la importancia de la Palabra de Dios. Ella nos alimenta, y el Espíritu Santo nos moldea dándonos la oportunidad para actuar de forma diferente.

Al acudir al Rey de la paz recibe el descanso que él te concede. Que el Señor pueda derramar su paz sobre tu casa, en tu ambiente de trabajo y en tu relación con las demás personas. ¡Que Dios esté contigo, que su paz sea duradera y cubra todas las áreas de tu vida!

Elige perdonar

…de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.
— Colosenses 3:13

Sí, perdonar es una elección personal. Significa renunciar al deseo de vengarse y no “pagar con la misma moneda”. Perdonar es superar lo que sucedió para dar oportunidad a una nueva trayectoria. Cuando perdonamos estamos superando el pasado y dando una nueva perspectiva tanto al prójimo como a nosotros mismos.

Perdona y serás perdonado. No somos perfectos, pero seguimos el objetivo perfecto que es Cristo. Si nosotros también nos podemos equivocar, ¿por qué no vamos a perdonar? El perdón es poderoso. A través de esa actitud nos libramos del resentimiento y de la “carga sobre nuestras espaldas”.

Perdonar no es ser compasivo con la injusticia ni ignorarla. Todo lo contrario, perdonar es tomar una actitud valiente ya que se está consciente de que sucedió algo equivocado, pero se tiene la disposición de superarlo.

Fuimos perdonados primero, Jesús perdonó nuestros pecados. Nuestro destino era la condenación y la muerte eterna, pero Jesús eligió: él prefirió perdonarnos. Él se entregó a sí mismo a nuestro favor. ¡Somos fruto del perdón, somos libres del pecado! No guardes resentimientos, perdona.

Lo que siembras, eso recogerás

No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
– Gálatas 6:7

La gran alerta de este versículo recae sobre el engaño de pensar que podemos engañar a Dios. La ley de la siembra da una enseñanza muy clara: todos reciben los frutos de aquello que plantaron. Cada nuevo día tenemos la oportunidad de actuar bien, de plantar cosas buenas movidos por el Espíritu de Dios. Pero, que sea o no sea así, es nuestra decisión personal…

La Biblia nos muestra un sinnúmero de ejemplos de justicia y de las consecuencias que traen todas nuestras actitudes. Para sembrar bien necesitamos decidir cuáles semillas sembraremos y en cuál suelo. Todo es cuestión de escoger. Planta buenas semillas en suelo fértil y ten la certeza de que recogerás buenos frutos.

Jesús te da descanso

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.
– Mateo 11:28

¡Son tantos los problemas y las tribulaciones que pasamos en nuestra vida! A menudo nos sentimos agotados, sin fuerzas para luchar y hasta parece que nadie nos entiende.

Pero existe alguien que sí entiende: ¡Jesús! Él pasó por problemas, por sufrimiento y abandono y venció. Él te conoce y sabe lo que necesitas hoy.

Jesús quiere darte descanso. Si es posible, detente un momento. Para lo que estás haciendo aunque sea por unos segundos. Habla con Jesús y él te dará descanso. ¡Él lo prometió!

¡Vive con esperanza!

¡Vive con esperanza!

Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.
— Romanos 15:13

Todos necesitamos tener esperanza. Aun los que dicen ser ateos o agnósticos necesitan tener alguna “expectativa” en la vida para poder avanzar en sus caminos. Por otro lado, la pérdida de la esperanza causa aflicción pues niega cualquier vislumbre de mejoría o de aliento para el futuro. Pero sea cual sea tu problema hoy – depresión, desempleo, enfermedades, divorcio o hasta la falta de esperanza general en la vida – hoy puedes recibir ánimo para creer que en Cristo hay esperanza.

La Biblia ofrece esperanza a los hijos de Dios desde una perspectiva doble. Primero, una futura, vinculada a la vida eterna con Dios, sin dolor, tristeza ni lloro, libres del pecado y de la muerte. Segundo, otra disponible ahora mismo, al recibir la nueva vida abundante por medio de la fe en Jesucristo. La presencia del Espíritu Santo da al creyente esa esperanza plena que lo llena de paz, consuelo, alegría y alivio para vencer las aflicciones de esta vida. Por eso, a pesar de las dificultades, agárrate al Dios de la esperanza y confía en él.

Vive con sabiduría

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
(Santiago 1:5)

Una actitud sabia que podemos tener es vivir según la Palabra de Dios. Dios concede sabiduría a través del Espíritu Santo y de su Palabra. La persona que busca a Dios en espíritu y en verdad alcanza sabiduría y discernimiento.

Ser pacífico, amable, paciente y tener dominio propio son buenas señales de sabiduría. Las actitudes sabias producen frutos que glorifican a Dios. La sabiduría atrae a las personas como vemos en el caso de José, de Daniel, de Samuel, de Juan y de Pablo. ¿A quién no le gustaría estar al lado de ellos?

Actuar con sabiduría es la mejor forma de testificar sobre Cristo. Independientemente de las dificultades de la vida, podemos actuar con sabiduría y glorificar a Dios. Pídele a Dios sabiduría y él te la dará de buena voluntad tal como se la concedió a Salomón. Nuestro Dios es la fuente de todo conocimiento. ¡Ve a la fuente, busca a Dios!

Para encontrar la verdadera felicidad

¿Quién no quiere ser feliz? Muchos buscan la felicidad en el dinero, en la comida, en el entretenimiento o en la familia. Esas cosas pueden traer alguna satisfacción, pero la verdadera felicidad está en las cosas de Dios. Cuando buscas el bien, la verdad y la paz de Dios, encuentras una felicidad fuerte y duradera.

El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.
– Salmo 34:12-14

¡Encuentra la felicidad en la palabra de Dios!

Aprende a descansar con Dios

Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas.
(Hebreos 4:9-10)

Todos vivimos días super ajetreados, llenos de actividades y de mucho trabajo. Cuando pensamos en descanso solo lo relacionamos con el período de las vacaciones anuales el cual a menudo llenamos también con diferentes tipos de trabajos. Pero pensemos, ¿no nos mandó Dios a descansar? ¿Estamos cumpliendo con esto? La Biblia nos habla del descanso, esto es un hecho. Creamos o no en guardar el sábado debemos, como hijos de Dios, escuchar lo que él nos dice: ¡descansa!

Aun siendo Dios (y sin necesitar descansar), el Señor del universo nos dio ejemplo descansando al finalizar su trabajo de la creación. Socialmente tenemos el sábado o el domingo destinado para descansar. Pero hay un sinnúmero de actividades que convierten muchas veces al fin de semana en uno tan agotador como los días de entre semana. Nuestro descanso espiritual está en Cristo, pero el descanso físico también necesita ser parte de nuestra agenda. Descansa con Dios y disfruta de fuerzas renovadas y aliento para el camino…